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Las cuatro diferencias entre diamante y diamante de laboratorio

Mientras la esencia de la joyería siempre ha estado vinculada al diamante natural, desde hace un tiempo los diamantes de laboratorio se han convertido en otra opción, con el fin de ofrecer un producto más sostenible y económico. Desde entonces, los diamantes de laboratorio se han intentado etiquetar como falsos o de imitación cuando, en realidad, ambos tipos de diamantes comparten características físicas, químicas y visuales idénticas; de hecho, ambos tipos de diamantes están certificados bajo los mismos estándares de calidad. ¿Qué les hace entonces diferentes?.

Los diamantes de laboratorio, también conocidos como sintéticos o ecológicos, provienen, como su propio nombre indica, de laboratorios donde han sido elaborados bajo técnicas de última generación, con el fin de conseguir calidades óptimas. De esta manera, y al estar formados del mismo material y expuestos a las mismas condiciones que los diamantes naturales, son ópticamente y químicamente idénticos. 

¿Cómo se crea un diamante de laboratorio?

Este tipo de diamantes es elaborado en cámaras especiales, simulando condiciones de alta presión y temperaturas idénticas a las que se dan en el proceso de creación natural. Se llevan a cabo a través de un proceso llamado CVD, con el que se selecciona una semilla de diamante la cuál es sometida a extremas condiciones y tecnología de plasma. Tras unas semanas, esa semilla se convierte en un diamante bruto gracias a la transformación química de los gases presentes en las cámaras especiales. El resultado es un diamante idéntico al diamante natural, de la misma calidad aunque con menos impacto medioambiental y más económico. 

Por ello, en cuanto al proceso, son varias las diferencias entre estos dos tipos de diamantes pero, si hablamos de producto final, la única diferencia es el origen, puesto que un diamante creado es también un diamante. Además, los diamantes de laboratorio se clasifican con los mismos criterios y rigor que los diamantes naturales, con las 4C’s: cut, color, clarity y carat. 

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¿En qué se diferencia el diamante de laboratorio del diamante natural?

Existen diversas diferencias entre un diamante de laboratorio y uno natural:

Un proceso de creación más económico

La primera diferencia es la anteriormente nombrada; su proceso de creación es más económica. Y es que, mientras los diamantes naturales se obtienen a través de la explotación minera, los diamantes de laboratorio se crean en un ambiente controlado de laboratorio. Por lo tanto, si hablamos de economía, la diferencia es que la cadena de suministro tradicional cuenta con diferentes eslabones, como fabricantes o mineros, lo que hace que el precio del diamante se encarezca; lo contrario a lo que ocurre en los diamantes de laboratorio.

Un menor impacto medioambiental

El menor impacto medioambiental es otra de las diferencias, puesto que la cadena de suministro minera tradicional es larga y produce un mayor impacto, al contrario de los diamantes de laboratorio. Además, los diamantes de laboratorio también eliminan el impacto sobre la flora y la fauna y su producción implica una menor emisión de dióxido de carbono. 

La personalización de las piezas

La tercera diferencia reside en la capacidad de realizar piezas personalizadas en cuanto a tamaño o forma, una característica que aportan los diamantes de laboratorio. Es decir, con el diamante creado se ofrece una mayor flexibilidad y personalización a la hora de crear joyas que con los diamantes naturales. 

Una oportunidad para llegar a las nuevas generaciones

La cuarta diferencia es que los diamantes creados suponen un futuro en la industria joyera. En un mundo en el que las nuevas generaciones empezaban a ‘olvidarse’ de los diamantes, éstas vuelven a sentir interés por la joyería, reclamando piezas más exclusivas que, al mismo tiempo, sean más respetuosas con el medio ambiente. Esto supone una oportunidad para que la joyería llegue a nuevos públicos, combinando diseño y tecnología, revolucionando la industria del diamante y teniendo en cuenta los valores de ética y sostenibilidad, sin perder la belleza propia de un diamante.